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El Col​gado

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​Palabras clave: Pausa · Entrega · Rendición consciente · Cambio de perspectiva · Espera activa · Soltar · Suspensión · Aceptación · Sacrificio consciente · Desapego · Nueva mirada · Tiempo interno · Transición · Revelación

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Preguntas

 

  • ¿En qué momentos de tu infancia no tuviste opción más que adaptarte?

  • ¿Qué sacrificio emocional aprendiste a hacer temprano?

  • ¿En qué parte de tu vida sentís hoy que estás en pausa… y por qué?

  • ¿Qué estás sosteniendo en una relación que ya te pide soltar?

  • ¿Qué sentido puede tener esta espera dentro del vínculo?

  • ¿Qué estás viendo recién ahora porque te detuviste?

  • ¿Qué pasaría si dejaras de sacrificarte para que todo funcione?

  • ¿Qué te incomoda de no tener respuestas inmediatas en el trabajo o en un proyecto?

  • ¿Qué aprendizaje aparece cuando aceptás no hacer nada por un rato?

  • ¿Qué forma de entrega o deseo necesita hoy menos sacrificio y más conciencia?

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Esta carta habla de pausas forzadas, de momentos en los que seguir empujando ya no sirve y la única salida es cambiar de perspectiva. Una espera consciente.

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En los vínculos, El Colgado aparece cuando algo nos pide soltar el control, resignar la razón o dejar de hacer para empezar a comprender.

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Cuando el sacrificio deja de ser heroico y empieza a doler, esta carta pregunta: ¿para qué estás sosteniendo esto?

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El Colgado no invita a aguantar eternamente.
Invita a revisar desde dónde se está dando, esperando o postergando.


Cuando aparece, la clave no es cuándo va a cambiar la situación, sino qué estás viendo ahora que antes no podías ver.

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Si El Colgado hablara

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«Estoy en esta posición porque así lo quiero. Yo corté las ramas. He librado mis manos del deseo de asir, de apropiarme de las cosas, de retener. Sin abandonar el mundo, me he retirado de él. Conmigo podéis encontrar la voluntad de entrar en el estado en que ya no hay voluntad. En que las palabras, las emociones, las relaciones, los deseos, las necesidades ya no os atan. Para desligarme, he cortado todos los lazos, salvo el que me liga a la Consciencia.

Tengo la sensación de caer eternamente hacia mí mismo. A través del laberinto de las palabras, me busco, soy el que piensa y no lo que es pensado. No soy los sentimientos, los observo desde una esfera intangible donde sólo hay paz. A una distancia infinita del río de los deseos, sólo conozco la indiferencia. No soy un cuerpo, sino quien lo habita. Para llegar a mí mismo, soy un cazador que sacrifica su presa. Encuentro la acción candente en la infinita no-acción.
Atravieso el dolor para encontrar la fuerza del sacrificio. Poco a poco me deshago de lo que podríamos llamar "yo". Entro en mí mismo incesantemente, como en un bosque encantado. Nada poseo, nada conozco, nada sé, nada quiero, nada puedo. Sin embargo, universos enteros me recorren, me llenan de sus torbellinos y se van. Soy el cielo infinito que deja pasar las nubes. ¿Qué me queda? Una sola mirada, sin objeto, consciente de sí misma, haciendo de sí misma la última y máxima realidad. 

Entonces estallo en pura luz. Entonces me convierto en eje de una danza total, en agua bendita a la que vienen a beber los sedientos.

A partir de ese momento soy el aire puro que expulsa las atmósferas viciadas. A partir de ese momento, mi cuerpo atado se convierte en fuente cataclísmica de la vida eterna. Sólo soy un corazón que late, que propulsa la belleza hacia los confines de la creación. Me convierto en la dulzura apacible en cualquier dolor, en la incesante gratitud, en la puerta que conduce a las víctimas al éxtasis. El camino en pendiente por el que uno se desliza hacia arriba. En la viva luz que circula en la oscuridad de la sangre.»
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La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.

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