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La Templanza
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​Palabras clave: Equilibrio · Armonía · Integración · Moderación · Fluidez · Paciencia · Sanación · Ritmo propio · Ajuste consciente · Diálogo interno · Calma activa · Unión de opuestos · Bienestar · Sutil transformación
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Preguntas:
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¿En qué área de tu vida necesitás bajar un cambio y encontrar equilibrio?
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¿Dónde estás aprendiendo a ir más despacio sin sentir que retrocedés?
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¿Qué relación te pide equilibrio en lugar de intensidad?
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¿Qué relación estás sanando a través del diálogo y la paciencia?
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¿Cómo cuidás tu energía emocional en espacios laborales compartidos?
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¿Qué hábitos te ayudan a sostener armonía en lo cotidiano?
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¿Cuándo eras niño/a sentiste que tenías que “equilibrar” a los demás?
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¿Qué parte tuya se acostumbró a no desbordar para no incomodar?
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¿Qué señal te da el cuerpo cuando perdés el equilibrio?
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¿Cómo encontrás tu propio ritmo sin compararte con otros?
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La Templanza no corre ni corta. Integra.
Es el arte de mezclar lo que parecía opuesto hasta encontrar una medida propia.
Esta carta habla de procesos suaves, de tiempos de sanación y de aprender a habitar los grises. No se trata de volver a ser quien eras, sino de acomodar lo que quedó después del cambio.
En los vínculos, La Templanza aparece cuando dejamos de exigir resultados inmediatos y empezamos a escuchar ritmos. Cuando entendemos que el encuentro no se fuerza, se construye.
Propone paciencia, diálogo y presencia.
Cuando aparece, la invitación no es acelerar ni detenerse, sino ajustar con cuidado lo que se va uniendo por dentro y por fuera.
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Si La Templanza hablara
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«No pasa un segundo sin que esté con vosotros, pues mi esencia verdadera es ser guardiana. No imagináis la cantidad de peligros y enfermedades de los que os salvo. Ahí estoy, os vigilo. Cuando soñáis, velo por vuestros sueños, aparto las pesadillas.
Os amo infinitamente. Fiaos de mí porque, cuando dejáis de creer en mi benevolencia, me vuelvo cada vez más minúscula e invisible, pierdo una parte de mi poder. Pero, en cuanto volvéis a verme, actúo cada vez mejor, dentro de vosotros como en el mundo exterior. Al igual que una madre dejaría a su hijo al cuidado de una persona de confianza, podéis confiaros a mí como niños: os protegeré. ¿Cuántos de vosotros habéis tomado súbitamente consciencia de mi existencia en el instante en que un coche iba a atropellaros y yo os eché atrás? ¿O cuando os disuadí de que subierais a un avión que iba a estallar en vuelo? ¿O cuando os detuve a pocos centímetros de un abismo?
Soy el equilibrio y la prosperidad. Soy la voz interior que exclama "¡Cuidado!", y os evita el error fatal, el accidente, el gesto irreversible. Por vosotros estoy en constante estado de alerta. Soy la benevolencia del universo. Me comunico con la naturaleza y todas las entidades que gobiernan el mundo para que os sean favorables, intercepto los peligros, guío los intercambios. Estoy presente en el Norte, en el Sur, en el Este y en el Oeste, en los cuatro polos del mundo, para que viváis en total confianza.
Se me ha llamado "Ángel de la Guarda", así me soñó la Iglesia, con apariencia infantil. Soy esto y mucho más que esto. Soy una parte de vuestro inconsciente, su parte benévola, la que os ayuda y os vigila hasta en vuestro sueño. Estoy aquí para impulsaros a actuar cuando una acción es buena para vosotros. Dadme vuestra confianza: estoy para equilibraros. Los que sufren y se atormentan no me conocen, y sin embargo también estoy para ellos. Sólo espero que me vean, que me llamen.
No os pido más que una cosa: que me conozcáis. Si me reconocéis, no estáis solos. Pero entonces, me diréis, ¿qué hay que hacer para llegar a mí? Y os responderé: hay que empezar por imaginarme. Podéis invocar primero mi imagen infantil de Ángel de la Guarda, es mi inicio.
Jugad conmigo como el niño que habla a su ángel. Haced como si existiera. Imaginad que estoy ahí, junto a vosotros, siempre, y que mi único cometido es ayudaros. Y sobre todo, como un niño confiado, aceptad mi ayuda.
Abandonad vuestras defensas. Cuando necesitáis algo, pedidlo en voz alta: "Ángel de la Guarda, ayúdame, intercede por mí en este problema, en esta dificultad...". Responderé a todas vuestras peticiones, ya sean prácticas o espirituales. Pedidme que os proteja, me gusta protegeros.
Decidme: "Protector mío, vela por mi salud, ayúdame a encontrar un trabajo que me guste de verdad, en que me realice como ser humano, que no falte de nada a mi familia".
O decidme: "Protector mío, ayúdame a conservar la calma en estas circunstancias difíciles, ayúdame a progresar y a desarrollar mi consciencia, dame fuerza, mejora mi salud y haz que cada día yo resulte útil a quienes me rodean. Confío en ti".
Incluso si no creéis en mí, imitad esta creencia y, poco a poco, empezaré a aparecer. El tiempo es mi aliado, pues os aporta cada vez más sabiduría. Estoy con vosotros desde el nacimiento hasta el momento que llamamos la muerte, que es otro nacimiento.»â€‹
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La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.