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El Juicio

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Palabras clave: Despertar · Llamado · Conciencia · Revelación · Revisión · Responsabilidad · Renacimiento · Integración · Claridad profunda · Decisión final · Aceptación · Verdad asumida · Cierre consciente · Nueva etapa

 

Preguntas: 

  • ¿Qué llamado interno ya no podés ignorar?

  • ¿Qué parte de tu historia pide ser revisada hoy?

  • ¿De qué te estás dando cuenta recién ahora?

  • ¿Qué verdad estás listo/a para reconocer, incluso frente a otro?

  • ¿Qué parte tuya pide hoy ser perdonada?

  • ¿Qué cambia cuando dejás de juzgarte y te hacés cargo en un vínculo?

  • ¿Qué error se volvió aprendizaje?

  • ¿Qué conversación pendiente podría cambiarlo todo?

  • ¿Qué llamado sentías de chico/a y olvidaste?

  • ¿Qué sentís cuando actuás desde tu verdad con alguien más?

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El Juicio no viene a señalar errores: viene a despertar.

 

Es ese momento en el que algo adentro pide ser escuchado con claridad, aunque incomode.

 

Esta carta habla de revelaciones, de verdades que ya no pueden seguir dormidas y de una voz interna que insiste: es por acá.

 

No se trata de empezar de cero, sino de hacerse cargo de lo vivido y responder desde un lugar más auténtico.

En los vínculos, El Juicio aparece cuando una conversación pendiente necesita salir, cuando decir lo que uno es o quiere deja de ser opcional.

 

No juzga al otro: invita a decir la verdad propia.

Cuando aparece, la pregunta no es qué opinan los demás, sino a qué llamado estás dispuesto/a a responder hoy.

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Si El Juicio hablara:


¨Has fluido con el río negro del Arcano XIII. Has hundido tus raíces en la oscuridad de El Diablo. Has sido el demonio que levantaba tristemente su antorcha como una nostalgia de la luz. Cuando errabas por el fondo del abismo, yo no te olvidaba. Ahora puedo entrar en contacto contigo, pero poco a poco, con una paciencia y una suavidad infinitas, porque soy demasiado fuerte. Puedes unirte a mí si has sido preparado, si has hecho el viaje a las profundidades de tu ser, si has conocido todas las facetas de tu masculinidad y de tu feminidad y las has conciliado, equilibrado.

Te aporto la luz de todos los universos. Mi potencia exige que hayas hecho la paz contigo mismo, que desde lo más profundo de tu inconsciente haya empezado a crecer el Árbol nuevo. Que todo tu ser se halle sumido en una infinita plegaria, que cada una de tus células esté en paz. Que estés, como los personajes, desnudo, en plena confianza y en plena aceptación de lo más alto que hay. Sin la divinidad no puedo existir. Cuando el ser se convierte en un verdadero niño confiado, tranquilo, sólo entonces aparezco, como la certidumbre total, como la llamada que resuena desde el principio de los tiempos. 

Mi música, esencia divina de la palabra, te inspira un deseo imperioso de elevarte. Despierta todo lo que estaba dormido, resucita todo lo que estaba muerto, abre las lápidas selladas. Hago estallar todas las palabras para que, a través de tus plegarias, puedas llegar al ámbito de lo inconcebible, donde reina el milagro de la vacuidad. Yo sé. He visto al Creador. Entonces, sencillamente, lo anuncio. Transporto la llamada irreprimible de la Consciencia. Soy el despertar, el milagro que se produce en el interior de tu ser.

Irresistible certidumbre. Cuando respondes a mi llamada, cada una de tus acciones es como una orden que te doy. Ya no hay duda. Te pones a hacer, a pensar, a amar, a vivir, a desear en pleno acuerdo con la voluntad divina. La vida vale la pena ser vivida, todo se realiza en la calma, la meditación, la benevolencia y la alegría.

Vengo de un inconcebible huevo de oro donde el ser y el no ser son sólo luz indiferenciada. Soy la más alta realización de tu psiquismo, tu pensamiento convertido por fin en andrógino. Vengo a liberarte de los límites del hombre y de la mujer. El círculo de nubes celestes que me rodea no es sino tu cerebro azul estallado. Borro para siempre tus fronteras. De encarnación en encarnación, de transformación en transformación, con certidumbre, con la alegría constante, te permito ser lo que siempre has sido, un emisario de Dios.» 

La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.

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