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El Papa ​
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Palabras clave: Guía · Sabiduría Compartida · Tradición Viva · Enseñanza · Valores · Ética · Sentido · Comunidad · Transmisión · Aprendizaje · Escucha Profunda · Coherencia Interior · Consejo · Ritual · Puente entre lo Espiritual y lo Humano
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Preguntas:
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¿Qué enseñanza de tu infancia sigue guiando tus decisiones hoy?
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¿Qué creencia heredada sentís que ya no te representa?
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¿Qué ritual personal te sostiene cuando necesitás guía?
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¿Cuándo escuchar fue más importante que aconsejar en un vínculo?
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¿Qué valores sentís que sostienen una relación en el tiempo?
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¿Qué lugar ocupa hoy la comunidad o el grupo en tu vida?
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¿De qué manera acompañás a otros desde tu experiencia sin imponerla?
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¿Cómo aprendés de otros sin perder tu propio criterio en lo laboral o creativo?
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¿A qué valores volvés cuando todo se vuelve confuso en tu camino personal o profesional?
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¿Cómo influye tu sistema de creencias en la forma en que vivís la intimidad o el compromiso?
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Ahora mirá a tu compañer@ a los ojos y decile: “Confiá en tu camino: lo que aprendiste también puede ser abrigo para otros.” o “Tu escucha ya es una forma de guía.”
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El Papa representa la transmisión de sentido.
No como verdad absoluta, sino como experiencia compartida.
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Es la energía de acompañar, de enseñar sin imponer, de ofrecer guía desde lo vivido.
Habla de valores, de comunidad, de aprender con otros y a través de otros.
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En lo vincular, el Papa aparece cuando alguien sabe escuchar sin apurarse a corregir,
cuando hay disponibilidad para orientar sin dominar y para compartir una mirada que ordena sin juzgar.
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El Papa no se coloca por encima: camina al lado.
Sabe que una palabra dicha a tiempo puede ordenar, contener o dar calma.
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Si El Papa Hablara
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«Ante todo, soy un mediador de mí mismo. Entre mi naturaleza espiritual sublime y mi humanidad más instintiva, he elegido ser el lugar en que se produce la relación. Estoy al servicio de esta comunicación entre lo bajo y lo alto, mi misión es unir los aparentes opuestos. Un puente no es una patria, sólo es un lugar de paso. Permite la circulación de las energías creadoras del fenómeno, magníficamente ilusorio, que llamamos existencia. No es aislándome, sino tomando todos los caminos, como comunico la buena nueva.
Encarno la bendición: ante mí, estáis en presencia de un misterio. Habitado por la divinidad, el menor gesto mío adquiere la dignidad de lo sagrado. Para convertirme en el lugar donde transita la voluntad divina, he aprendido a despejar de cualquier obstáculo, incluso el de mis propias huellas, los senderos de mi comunicación. Me conduzco hacia la nada para que el Ser supremo me ocupe por completo. Me conduzco al mutismo para que sea Él solo quien hable. Aparto de mi boca cualquier palabra que me pertenezca, sumerjo mi corazón en la paz y la ausencia de deseos para dejar sitio únicamente a Su amor, y elimino de mi voluntad hasta la voluntad de eliminar la voluntad.
Hay en mí el mismo orden que en el universo. Soy una nave vacía, sin forma, que transporta la luz allá donde la lleve el viento. Me sitúo entre el cielo y la tierra, exhorto a los habitantes de la esperanza a elevarse hasta allí donde no hay límites. A cuanto está arraigado en la materia o en el espíritu comunico la potencia superior que da vida a lo inanimado. Por mí, la carne asciende hacia el espíritu para estallar en un sublime fuego de artificio. Por mí, el rebaño de energías angélicas desciende hacia el frío de la materia para disolverse en ondas de calor amante.
Rechazo toda maldición. Bendigo lo que oigo, lo que veo, lo que siento. Llamo al amor, como un ave de dimensiones desmesuradas, para que se pose sobre la pequeñez de un corazón. ¿Qué hago con vuestras riñas de familia, con vuestras penas, con vuestras heridas? Las pongo de rodillas a rezar. Dejadme venir a vosotros: bendeciré todo vuestro mundo, hasta vuestros problemas.
Investid vuestras acciones con mi misión, despertad ante la fuerza de lo sagrado: el menor gesto vuestro, el menor acto, se tornará sagrado a su vez. Conoceréis el éxtasis de quien no habla en su propio nombre.
El báculo que veis en mi mano no es un instrumento para dar órdenes. Es el símbolo de mi aniquilación gozosa. He pacificado mis deseos, transformado esta manada de lobos hambrientos en un vuelo de golondrinas que celebran el alba con sus cantos. El océano tumultuoso que agitaba mi corazón lo he convertido en un lago de leche, serena y dulce como la que manaba del seno de la Virgen. Quien tenga sed puede venir a beber de mi espíritu. No niego nada a nadie.
Soy la puerta que puede ser abierta por todas las llaves. Quien entre en mi alma podrá avanzar hasta el límite extremo del universo, hasta el fin de los tiempos: soy la última frontera entre las palabras y lo impensable.
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La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.