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La Justicia
Palabras clave: Silencio · Introspección · Pausa · Retiro consciente · Búsqueda interior · Sabiduría · Soledad elegida · Escucha profunda · Claridad interna · Paciencia · Tiempo propio · Discernimiento · Guía interior · Luz interna
Preguntas:
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¿Cuándo fue la primera vez que sentiste culpa por algo que hiciste?
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¿Alguna vez en tu familia sentiste que te midieron con una vara distinta?
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¿Qué aprendiste de chico/a sobre lo justo y lo injusto?
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¿En qué vínculo sentís hoy que das más de lo que recibís?
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¿Cuándo fue la última vez que pediste perdón o sentiste que te lo debían?
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¿En qué discusión te diste cuenta después de que te habías pasado de límite?
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¿Alguna vez te hiciste cargo de algo que no era del todo tu responsabilidad?
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¿Qué verdad estás evitando mirar porque implica tomar una decisión?
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¿Qué criterios usás para tomar una decisión justa, incluso cuando incomoda?
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¿Qué cosa hoy te perdonás, pero antes no?
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La Justicia no viene a juzgarte: viene a preguntarte si estás siendo honesta/o con vos.
Habla de equilibrio, de límites, de asumir las consecuencias de lo que decimos, hacemos… y también de lo que evitamos.
Es la carta que pone la balanza sobre la mesa y dice: ¿esto que estás sosteniendo es justo para todas las partes, incluida la tuya?
En lo social y en los vínculos, La Justicia invita a conversaciones claras:
qué doy, qué recibo, qué espero y qué estoy dispuesto/a a sostener.
Cuando aparece, la pregunta no es quién tiene razón,
sino si estás alineada/o con tu verdad y actuando en consecuencia.
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Si La Justicia Hablara
«Allí donde el espíritu tiene la misma dimensión que la materia, allí donde no se sabe si la densidad es la raíz del éter, donde el éter genera la densidad; allí, en ese equilibrio eterno e infinito, estoy yo.
La realización del universo es mi justicia; que dé a cada galaxia, a cada sol, a cada planeta, a cada átomo, el lugar que merece. Gracias a mí, el cosmos es una danza. Cada nacimiento, cada espiral, cada estrella que se apaga tiene su lugar en el universo. Permito que cada ser sea lo que es; cada partícula de polvo, cada cometa, cada huérfano merece cumplir el cometido que la ley suprema le ha dado. A la menor desviación de ese decreto, pronuncio el castigo supremo: el que se desvíe será expulsado del presente.
El bien que haces a los demás, te lo doy. Lo que no das, te lo quito. Cuando destruyes, te elimino. No sólo disuelvo tu materia, sino que borro toda huella tuya en la memoria del mundo.
Cuando aparezco en el cuerpo de una mujer, ésta se convierte en una verdadera madre. Dar a luz es conceder un lugar en el aquí y el ahora a la Consciencia infinita. Yo, madre universal, me sitúo en el cruce resplandeciente y monumental en que el océano de la materia entra en contacto con el alma impalpable, que se desintegra como una lluvia para hacer vivir cada fragmento denso.
Soy esa perfección que no pide ningún añadido ni tolera sustracción alguna: cuanto se me da ya lo tenía; cuanto se me quita no existía en mí. Cada instante es justo, perfecto. De la acción, elimino toda intención subjetiva. Permito que las cosas sean exclusivamente lo que son. Doy a cada cual lo que merece: al intelecto, el vacío; al corazón, la plenitud del amor; al sexo, el placer de la creación; al cuerpo, la prosperidad, que no es sino la salud; a la quinta esencia, la Consciencia, le doy su centro, que es el Dios interior.»
La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.