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La Luna

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​Palabras clave: Intuición · Incertidumbre · Miedo · Sensibilidad · Confusión · Sombra · Sueños · Inconsciente · Ambigüedad · Percepción · Emociones profundas · Misterio · Engaño interno · Revelación gradual

 

Preguntas: 

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  • ¿Qué emoción aparece cuando no tenés todas las respuestas?

  • ¿En qué vínculo dudás de tu percepción o de lo que sentís?

  • ¿Qué miedo se activa cuando avanzás sin certezas?

  • ¿En qué situaciones laborales te cuesta confiar en tu intuición?

  • ¿Qué parte tuya se vuelve más sensible cuando baja el control?

  • ¿Qué emociones aprendiste de niño/a a esconder o a confundir?

  • ¿Cuándo sentiste por primera vez miedo a lo desconocido?

  • ¿Qué sombra preferís no mirar, aunque se haga presente?

  • ¿Cómo se manifiesta la incertidumbre en tu forma de vincularte?

  • ¿Qué te pasa con el deseo cuando no todo está claro?

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La Luna no trae respuestas claras: trae señales.

Habla de lo que se mueve debajo de la superficie, de emociones que aparecen sin aviso y de verdades que no se dicen en voz alta, pero se sienten.

 

Esta carta invita a atravesar la incertidumbre sin forzar claridad inmediata. A reconocer miedos, deseos y recuerdos que emergen cuando baja el ruido y la razón ya no alcanza.

 

En los vínculos, La Luna aparece cuando algo se intuye pero no se nombra, cuando la sensibilidad aumenta y las emociones se mezclan.

 

Cuando aparece, la pregunta no es qué es real y qué no, sino qué emoción está pidiendo ser mirada con más honestidad.

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Si la Luna hablara:

«Me pedís que me explique, pero estoy tan lejos de las palabras, de la lógica, del pensamiento discursivo, del intelecto... Me encuentro en un estado secreto e indecible, soy el misterio donde comienza todo conocimiento profundo, cuando os sumergís en mis aguas silenciosas sin pedir nada, sin tratar de definir nada, fuera de toda luz. Cuanto más entráis en mí, más os atraigo. No hay nada claro en mí. No tengo fondo, soy toda matices, me extiendo en el reino de la sombra. Soy una ciénaga de riqueza inconmensurable, contengo todos los totems, los dioses prehistóricos, los tesoros de los tiempos pasados y por venir.

Soy la matriz. Más allá del inconsciente, soy la creación misma. Escapo a cualquier definición.

Sé que se me ha adorado. Desde que los seres humanos desarrollaron una chispa de consciencia, me identificaron con ella. Como un corazón de plata perfecta, brillaba en las tinieblas de la noche. Era la luz que nebulosamente sospechaban que reinaba en lo más profundo de sus almas ciegas. Me había hundido en todas las oscuridades del universo. Allá donde las entidades ávidas acechan la menor chispa de consciencia, dimensiones de locura, de soledad absoluta, de delirio helado, de ese silencio doloroso que se llama Poesía, he reconocido que para ser tenía que ir ahí donde no estaba.

Caí en mí misma, cada vez más hondo. Me perdía descendiendo hacia ningún sitio, hasta que, al final, 'Yo", la oscura, dejé de ser. O mejor: era una concavidad infinita, una boca abierta que contenía toda la sed del mundo. Una vagina sin límites convertida en aspiración total. Entonces, en esta vacuidad, en esta ausencia de contornos, pude por fin reflejar la totalidad de la luz. Una luz ardiente que transformé en su reflejo frío, no la luz que engendra sino la que ilumina.

No insemino, sólo indico. Quien recibe mi luz conoce aquello que es, nada más. Es más que suficiente. Para convertirme en recepción total, tuve que negarme a dar. En la noche, cualquier forma rígida se ve aniquilada por mi luz, empezando por la razón. Bajo mi claridad, el ángel es ángel, la fiera es fiera, el loco es loco, el santo es santo. Soy el espejo universal, cada cual puede verse en mí.»

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La vía del Tarot. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa.

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